lunes, 20 de noviembre de 2017

Gris

Porque no es blanco ni negro. Tal vez por no saber elegir. Quizá por la amalgama de sentimientos que se baten en duelo dentro de mí.

Una maraña de contradicciones que se enredan en mi cabeza. Un embrollo de pensamientos que desordenan mi corazón.

Ser cosas que nunca creí. Decir cosas que nunca pensé. Soñar cosas sin sentido. Y el sin sentido de mis motivos que me eriza la piel.

Como un hilo que tira de mí. Como una cuerda que se tensa más. ¿Puede la soledad algún día llegarme a matar?

El silencio frío que se cierne sobre mí. La lluvia descolorida que pronto caerá. La nube negra que pasa me mira y me mira sin sonreír.

El cristal empañado que no voy a limpiar. La huella en la arena, que se borrará. Los pétalos desteñidos que voy a pisar.

Las calles vacías de mi corazón. Las ciudades secretas de mi imaginación. Los pasos descordinados de un baile sin canción.

El grito ahogado que da mi corazón. Las migajas de lo que pasó. El eco de lo que nunca sucedió.

Un poema sin rima. Un cuento sin final. ¿A dónde iré a parar?

Sueños de azúcar. Amaneceres de hielo.
¿Sucederá algún día lo que yo espero?

La soledad de mi compañía. La compañía de mi soledad. El abrigo que ya no calienta más.

El desahogo que dan las palabras. El cauce por el que fluyen las lágrimas.

La sonrisa en la oscuridad. La cara de la felicidad que se intenta asomar.

~ 14/11/2017.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Soltar

Una palabra. Seis letras. Un sinfín de significado. Soltar.

Dejar de aferrarse a las cosas que ya no sirven más.

Dejar ir a las personas que ya no quieren estar.

Desalojar los viejos miedos que viven en nuestro corazón y en nuestra cabeza, o mejor dicho: soltarlos. Porque frecuentemente somos nosotros los que seguimos tomados de la mano del miedo, y no al revés.

Enterrar el pasado que lastima, dejarlo ir. No llevarle ni una flor más.

Sacar los recuerdos que tenemos bajo la alfombra y dejar que se vayan los que nos hacen mal.

Dejar salir todas las palabras que pesan en nuestro corazón.

Dejar de pensar en el " y si hubiera... ", darse cuenta de una buena vez de que el pasado no se puede cambiar.

Enterarse de que no vale la pena llorar todo el tiempo por las mismas viejas heridas.

Olvidar, dejar ir, empezar a vivir.

Como una mano que afloja la presión que sus dedos le hacen a la cuerda que impide que los globos de helio se vayan. Soltar.

sábado, 30 de septiembre de 2017

¡Hola a todos! Ya sé que de seguro es culpa mía que el blog no tenga muchos lectores, porque subo algo cada mil años... Pero aún así no sé, me gustaría que me digan si les agrada lo que escribo o si quieren que publique más frecuentemente...
Ahh, una última cosa, si quisieran recomendarle mi blog a alguien se los agradecería muchísimo.
Saludos.

P.D: Cada visita que veo me hace muy feliz, sigan leyéndome. ;)

Parte de crecer.

Tal vez es parte de crecer, no sé. Vamos por ahí, intentando hacer nuestro propio camino. Y mientras tanto vamos haciendo cosas de las que no estamos orgullosos. Vamos aprendiendo a callar, a ignorar los problemas ajenos. Haciéndonos poco a poco de piedra, convirtiéndonos en estatuas. Dándonos cuenta de que siempre hemos tenido un lado oscuro. Y lo vamos ocultando. Le ponemos una cortina. Y cada vez hay más secretos, más verdades calladas, más situaciones incómodas. Más capítulos de nuestra vida de los que no queremos que nadie se entere. ¿Adónde vamos a parar?

Nos escondemos hasta de nosotros mismos. Le mentimos descaradamente al espejo. Se incrementa el vacío. El mundo gira demasiado deprisa.
Nuestra propia conciencia nos traiciona. Y no sabemos qué hacer, qué decir. Qué decirnos. Las noches se convierten en madrugadas, sin poder dormir.

Qué fácil era ser niños. Yéndonos a la cama temprano, abrazábamos al osito de peluche; nos tapábamos con la cobija y ya no había monstruo que pudiera alcanzarnos. El futuro era la próxima semana. El enojo no duraba más de cinco minutos. Las caídas más fuertes eran de la bicicleta. Los buenos siempre ganaban.

Si pudiera ser una niña de nuevo, andaría más tiempo descalza, volaría más papalotes. Me levantaría más temprano para poder jugar más rato. Pasaría más tiempo con mi abuelo.

Pero ahora ya es tarde, hace tiempo que no soy una niña. Ahora me siento perdida... Y no hay ningún mapa del tesoro.

viernes, 25 de agosto de 2017

Te lo cambio.

Te cambio el olvido por siete suspiros interminables, uno por cada mes que he pasado soñándote.
Por 244 respiraciones, que son más o menos los días que he pasado pensándote.
Te lo cambio por los 120 días que le quedan al año.
O por 200 mariposas, que bien podrían ser las miradas fugaces que hemos cruzado.
Te lo cambio por un millar de pétalos, esos que gasté jugando al "me quiere, no me quiere". Y resultó que no. Entonces te los cambio.
Por los cientos de veces que le pregunté a la luna por ti.
O tal vez por las mil sonrisas que se me escapaban cuando pensaba en ti.
Te lo cambio por los lápices que he gastado escribiendo las seis letras de tu nombre.
O quizás por las decenas de castillos en el aire que construí para nosotros.
Por siete textos cortos y una especie de poema.
Por noches de insomnio.
Por sueños extraños.
Te cambio el olvido por cualquier cosa. De seguro te será fácil, lo único que quiero es ya no acordarme de ti. Que se desvanezca tu imagen de mi mente, que desaparezca el recuerdo de tu sonrisa. Que un día me despierte y ya no pueda, ya no sepa pensar en ti.

domingo, 9 de julio de 2017

Voy a olvidarme de ti.

Voy a olvidarte, no de una vez. Pero sí definitivamente. Te olvidaré despacito, a pedazos. A momentos. Es que de todas maneras nada fuimos, pero a la nada también se la lleva el viento.
Me olvidaré de ti gradualmente. Y un día, cuando despierte ya no voy a pensarte. Y por las noches, ya no voy a desvelarme soñándote despierta. Podré mirar de nuevo las cosas y ya no va a estar tu sombra. Sonreiré y mi sonrisa ya no será para ti. Me miraré en el espejo, queriendo estar guapa, pero no por ti; sino por mí.

Y es que me has enseñado que mirar no basta y que los suspiros no son suficientes. De todos modos a esta edad nada dura. Y sí, sigo queriendo enamorarme, pero quiero que dure; no quiero un amor a medias. El tiempo o el karma (o lo que sea que se encargue de estas cosas) me lo hará llegar. Sí, lo he entendido: tú no eras, ni eres, ni serás para mí.

Me sirve

No me importa si no me quieres, el quererte me sirve para escribir. Para sacarme los fantasmas y convertirlos en palabras, para tratar de medio inmortalizar lo que siento. Para exorcizar a la nada, al vacío. Para ahuyentar los temores, para recordarte mientras te olvido. Para olvidarte mientras te recuerdo.
Escribir, escribir.
Para salvarme, para salvarnos. Para sacarme las ganas que tengo de pensar en ti. Para pensar en mí.
Me sirve, me sirve.
Para parar el tiempo, o adelantarlo y luego retroceder. El lápiz corre o mis dedos en el teclado. Más rápido, más de prisa. Que el pensamiento vuela y las ideas también. ¿Qué somos? Miradas ¿Hacia dónde vamos? Hacia el fin del mundo. ¿Me miras? Te miro... Y más tarde te  escribo.