sábado, 30 de septiembre de 2017

¡Hola a todos! Ya sé que de seguro es culpa mía que el blog no tenga muchos lectores, porque subo algo cada mil años... Pero aún así no sé, me gustaría que me digan si les agrada lo que escribo o si quieren que publique más frecuentemente...
Ahh, una última cosa, si quisieran recomendarle mi blog a alguien se los agradecería muchísimo.
Saludos.

P.D: Cada visita que veo me hace muy feliz, sigan leyéndome. ;)

Parte de crecer.

Tal vez es parte de crecer, no sé. Vamos por ahí, intentando hacer nuestro propio camino. Y mientras tanto vamos haciendo cosas de las que no estamos orgullosos. Vamos aprendiendo a callar, a ignorar los problemas ajenos. Haciéndonos poco a poco de piedra, convirtiéndonos en estatuas. Dándonos cuenta de que siempre hemos tenido un lado oscuro. Y lo vamos ocultando. Le ponemos una cortina. Y cada vez hay más secretos, más verdades calladas, más situaciones incómodas. Más capítulos de nuestra vida de los que no queremos que nadie se entere. ¿Adónde vamos a parar?

Nos escondemos hasta de nosotros mismos. Le mentimos descaradamente al espejo. Se incrementa el vacío. El mundo gira demasiado deprisa.
Nuestra propia conciencia nos traiciona. Y no sabemos qué hacer, qué decir. Qué decirnos. Las noches se convierten en madrugadas, sin poder dormir.

Qué fácil era ser niños. Yéndonos a la cama temprano, abrazábamos al osito de peluche; nos tapábamos con la cobija y ya no había monstruo que pudiera alcanzarnos. El futuro era la próxima semana. El enojo no duraba más de cinco minutos. Las caídas más fuertes eran de la bicicleta. Los buenos siempre ganaban.

Si pudiera ser una niña de nuevo, andaría más tiempo descalza, volaría más papalotes. Me levantaría más temprano para poder jugar más rato. Pasaría más tiempo con mi abuelo.

Pero ahora ya es tarde, hace tiempo que no soy una niña. Ahora me siento perdida... Y no hay ningún mapa del tesoro.

viernes, 25 de agosto de 2017

Te lo cambio.

Te cambio el olvido por siete suspiros interminables, uno por cada mes que he pasado soñándote.
Por 244 respiraciones, que son más o menos los días que he pasado pensándote.
Te lo cambio por los 120 días que le quedan al año.
O por 200 mariposas, que bien podrían ser las miradas fugaces que hemos cruzado.
Te lo cambio por un millar de pétalos, esos que gasté jugando al "me quiere, no me quiere". Y resultó que no. Entonces te los cambio.
Por los cientos de veces que le pregunté a la luna por ti.
O tal vez por las mil sonrisas que se me escapaban cuando pensaba en ti.
Te lo cambio por los lápices que he gastado escribiendo las seis letras de tu nombre.
O quizás por las decenas de castillos en el aire que construí para nosotros.
Por siete textos cortos y una especie de poema.
Por noches de insomnio.
Por sueños extraños.
Te cambio el olvido por cualquier cosa. De seguro te será fácil, lo único que quiero es ya no acordarme de ti. Que se desvanezca tu imagen de mi mente, que desaparezca el recuerdo de tu sonrisa. Que un día me despierte y ya no pueda, ya no sepa pensar en ti.

domingo, 9 de julio de 2017

Voy a olvidarme de ti.

Voy a olvidarte, no de una vez. Pero sí definitivamente. Te olvidaré despacito, a pedazos. A momentos. Es que de todas maneras nada fuimos, pero a la nada también se la lleva el viento.
Me olvidaré de ti gradualmente. Y un día, cuando despierte ya no voy a pensarte. Y por las noches, ya no voy a desvelarme soñándote despierta. Podré mirar de nuevo las cosas y ya no va a estar tu sombra. Sonreiré y mi sonrisa ya no será para ti. Me miraré en el espejo, queriendo estar guapa, pero no por ti; sino por mí.

Y es que me has enseñado que mirar no basta y que los suspiros no son suficientes. De todos modos a esta edad nada dura. Y sí, sigo queriendo enamorarme, pero quiero que dure; no quiero un amor a medias. El tiempo o el karma (o lo que sea que se encargue de estas cosas) me lo hará llegar. Sí, lo he entendido: tú no eras, ni eres, ni serás para mí.

Me sirve

No me importa si no me quieres, el quererte me sirve para escribir. Para sacarme los fantasmas y convertirlos en palabras, para tratar de medio inmortalizar lo que siento. Para exorcizar a la nada, al vacío. Para ahuyentar los temores, para recordarte mientras te olvido. Para olvidarte mientras te recuerdo.
Escribir, escribir.
Para salvarme, para salvarnos. Para sacarme las ganas que tengo de pensar en ti. Para pensar en mí.
Me sirve, me sirve.
Para parar el tiempo, o adelantarlo y luego retroceder. El lápiz corre o mis dedos en el teclado. Más rápido, más de prisa. Que el pensamiento vuela y las ideas también. ¿Qué somos? Miradas ¿Hacia dónde vamos? Hacia el fin del mundo. ¿Me miras? Te miro... Y más tarde te  escribo.

Me muero

Me muero en insomnio de luz encendida, en pena de amor que todavía no es (y ni se sabe si llegará a ser).
Me muero en suspiros que se hacen de hielo, en frases tristes, en fragmentos de libros. En cielo-rasos de madera con sus estrellas de plástico, en paredes de cielo; en palabras al vacío.
Me muero mirando por la ventana, contando las luces de un puñado de lámparas, respirando la noche al asomar la cabeza, con un poquito de miedo a la oscuridad. Sintiendo la ausencia de las estrellas en ese cielo nublado, ese cielo callado.
Me muero despacio, a puerta cerrada, sin ponerme todavía la pijama. Sobre la cama, sintiendo frío, pero sin querer alcanzar el abrigo.
Me muero con hambre de media noche, con sed de palabras. Con esperanzas inútiles, rememorando tu mirada.

De mirarte de lejos...

Me muero de mirarte de lejos, de sonreírte a escondidas. De visitar tu perfil de Instagram, de pasarme las noches construyendo castillos en el aire. Imaginándome cosas que no han pasado pero que parecen tan reales. Es como si te conociera de antes. Ilógico e irreal. ¿En otra vida, quizás? Tú y yo, el chico despeinado y la chica de los lentes.
Es verte y enseguida sentir ese hueco en el estómago. Es sentirme tonta porque es imposible saber si lo sientes también.
Es sentirme eufórica porque me has mirado y después tirarme desde lo alto del edificio de esa alegría al pensar que tal vez todo me lo esté imaginando.

Es un sueño de azúcar y después una lluvia de desilusión. Es un cristal que se rompe y se recompone y de nuevo otra vez.

Si no fuera tan tímida, si no fueras tan tímido...

Cuando te miro te desvaneces, solo quedan tus ojos. Café oscuro, casi negros. Ahí. Infinitos. La distancia se desaparece, nos vamos a otra dimensión. Al menos yo me voy cuando te miro a los ojos; no sé si tú también vas conmigo o si tengo demasiada imaginación... Cómo quisiera saber lo que piensas, aunque fuera sólo por un segundo. Un instante en tu cabeza para saber si te tengo que sacar de la mía o si te sigo soñando...