domingo, 9 de julio de 2017

Autobuses

A mí me parece que los autobuses tienen magia. Una magia extraña, distinta; no como la de los cuentos de hadas. Es como si el hecho de viajar en bus te diera ya una lección de esas que son gratis. Sólo hay que prestar atención.

Lección número uno:
Todo tiene un precio, al igual que el pasaje es más caro cuanto más lejos vas; el esfuerzo que le pongas a tu objetivo es el que dictamina hasta dónde puedes llegar. Las grandes distancias cuestan dinero. Las cosas buenas llevan trabajo.

Lección número dos:
Todo es temporal. Obviamente las personas forman parte de esta condición. Cuando vas en un autobús tu acompañante baja en el lugar que le corresponde. Así pasa con la vida:  incluso los buenos amigos tienen rutas y proyectos distintos. La compañía varía, todo es parte de el gran viaje. Unas personas bajan antes, otras te acompañan hasta el final.

Lección número tres:
El camino es de gran importancia. No te pierdas de la vista por estar mirando sólo la carretera. Cuando miras por la ventana, observas por un instante una realidad diferente a la tuya. Lo mismo pasa con la vida, si te la pasas pensando exclusivamente en la meta final; sin fijarte en las pequeñas grandes cosas que te ofrece el día a día: te lo pierdes todo. Porque la belleza radica en las cosas pequeñas. Al final resulta que las cosas no son lo que esperabas, que lo importante estaba en el recorrido ; en el aprendizaje adquirido para llegar hasta ahí. No te encierres en tu realidad, hay personas valiosas a tu alrededor. Hay una bonita vista si te fijas por la ventana.

Lección número cuatro: 
Puedes bajarte en el momento que quieras. Si decides desistir de tu proyecto es asunto tuyo. Lo único, es que acabas en medio de la carretera: esperando otro autobús. Y resulta que hay unos que pasan una vez al día. O una vez en la vida. No desperdicies las oportunidades, cuando estés a punto de rendirte ; piensa en lo que has tardado en llegar hasta ahí. Piensa que ya te falta menos. Puede que estés a unos quince minutos de tu destino.

Lección número cinco:
Hay obstáculos en la carretera. Podría tratarse de una reparación, un accidente o una presa simplemente. O quizás una mala nota, un mal negocio, un despido. Sea el inconveniente que sea, se debe tener presente que es también parte de el juego. Que las caídas nos legan muchas cosas, entre ellas una dosis de experiencia y otra de humildad. Además de una nueva perspectiva de las cosas. Hay que resaltar que la caída también es pasajera. Cuando menos te lo esperes el autobús estará avanzando de nuevo, si lo permites, claro.

Lección número seis:
Tarde o temprano se llega a la meta. Puede que el trayecto dure minutos u horas. O meses o años. Pero si eres paciente, si sabes esperar,  si miras por la ventana: resulta que alcanzas tu objetivo. Y en ese momento te bajas del autobús para ir al colegio o al trabajo. O alcanzas tu cometido y sonríes porque valió la pena el viaje. El éxito sabe mejor si se ha disfrutado el recorrido.

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