Me pregunto cómo podemos estar tan tranquilos. Seguir subiendo fotos a Facebook con esas sonrisas prefabricadas, seguir compartiendo publicaciones estúpidas, mientras al otro lado del mundo hay muerte, hambre, tristeza, desesperación: hay guerra. Mientras que hay niños que no saben sonreír, y adultos que ya lo olvidaron. Mientras que las ciudades que antes fueron bellas ahora están destruidas. Mientras las armas llevan la voz cantante. Mientras bombardean pueblos y todo se cae a pedazos. Mientras los países grandes se pelean entre ellos y utilizan países inocentes para mover sus intereses. Mientras que la muerte visita a grandes y pequeños. Mientras la gente busca entre los escombros la libertad que les han robado. Mientras que la esperanza desaparece de los corazones. Y con razón.
Porque a nadie parece importarle. Lo vemos todo de lejos, escuchamos el número de muertes y lo vemos como una cifra más. Y la vida sigue para nosotros después de ver la noticia por la tele, pero para muchos su vida ha terminado. Sin ningún motivo. Por culpa de todos nosotros y de nuestra fría indiferencia. Porque existe una sed de violencia sin razón. Porque no hay pelea si el otro no quiere. Porque no habría guerra si todos quisiéramos la paz.
domingo, 9 de julio de 2017
Mientras que
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