Es verdad lo que dice Benjamin Alire Sáenz, «la peor parte de volverte loco es que cuando la locura ha pasado no sabes qué pensar de ti mismo »...
Ya no sé qué pensar. Qué decir.
De repente toda la rabia que no sabía que tenía dentro aparece y me cambia. Como si de pronto me convirtiera en Mr. Hyde. Llega y destruye todo a su paso, tira objetos, dice cosas hirientes, me lastima a mí misma... Lo digo en tercera persona, porque esa no soy yo. La verdadera yo, nunca, jamás, insultaría a alguien; preferiría quedarse callada. La verdadera yo no rompe cosas, no se lastima físicamente.
Lo peor de todo es que en medio de toda la locura, Mr. Hyde se acobarda y desaparece, dejando al Dr. Jekill solo. A mí sola. Y entonces sólo quedan las lágrimas, unas ganas enormes de llorar hasta que todo se esfume. Pasar el día conteniéndolas y por la noche ya no salen, ya no fluyen. Me dejan con el peso en el corazón, y las mejillas secas.
«Cuando quiero llorar no lloro,
Y a veces, lloro sin querer »
Diría Rubén Darío.
Otro que tiene razón, las lágrimas son caprichosas. Tremendamente caprichosas. Lo único que quieren es fluir, dejarse llevar. Empapar mejillas, enrojecer ojos. No comprenden que a veces una quiere esperar a romperse estando entre las cobijas, ahí donde es más fácil quedarse dormida. O a altas horas de la noche, cuando es poco probable que llegue alguien y pregunte la razón de tu llanto. Una razón que no es fácil decir. Porque a veces no se sabe.
«Tengo la teoría de que cuando uno llora, no llora por lo que llora, sino por todas las cosas por las que no lloró en su debido momento », dijo una vez Mario Benedetti... Afirmativo, las lágrimas atraen más lágrimas, la mayoría por cosas que ya pasaron; pero que aún duelen. Por esas heridas que siguen sangrando, por esas cosas que todavía lastiman.
Es como si se rompiera un dique.
Y llega esa marea que lo inunda todo. Que nos hace ver las cosas desde el umbral de la tristeza. Sin perspectiva.
La tristeza se expande primero de forma lenta, luego más aceleradamente. Sin que nos demos cuenta...
La tristeza es así,
se asoma por la ventana.
Se escurre bajo la puerta.
O toca.
Y cuando toca
llueven
Lágrimas.
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