domingo, 9 de julio de 2017

Mojarse un poco...

Ahí, viendo la vida pasar. Sintiendo que  se le escurre entre los dedos. O mirando la única estrella de plástico en ese cielo raso de madera. Teniendo la sensación de que todo se le viene encima y que tratar de evitarlo sería como jugar al escondite con un león.

Un león que podría ser cualquier cosa: sus padres, un profesor gruñón, la tristeza sin motivo o tal vez la vida en general.

Y de repente se asoma a la ventana y la lluvia le pega en la cara. Le empaña los lentes y el viento le revuelve los cabellos. El agua se mezcla con sus lágrimas. Y justo en ese instante lo comprende absolutamente todo.

De nada sirve pelear contra lo inevitable. Te lastimas los puños intentando derrumbar una pared. Y es totalmente innecesario, porque al lado hay una puerta.

Entonces deja que las cosas vengan y resulta ser que no eran tan malas. Que la lluvia lava la cara. Que el viento deja un nuevo peinado. Y una nueva sonrisa. La sonrisa de una persona que acepta mojarse un poco.

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